martes, 21 de julio de 2015

Martha Argerich y Daniel Barenboim ya están en el Colón


Martha Argerich y Daniel Barenboim ya están en el Colón

Las novedades del Festival Barenboim 2015


Martha Argerich sumó una presentación y Barenboim hará una función gratuita con la Orquesta West-Eastern Divan. Se anunció hoy en una conferencia de prensa en el Teatro Colón.

Conferencia de prensa en el Teatro Colón de Buenos Aires
Martha Argerich y Daniel Barenboim dieron una conferencia de prensa en el Colón, a pocos días del inicio del Festival Barenboim 2015, que comenzará el viernes con un concierto en el teatro de la Orquesta West-Eastern Divan, que Barenboim dirigirá en obras de Richard Wagner, Arnold Schoenberg y Pierre Boulez.
La conferencia incluyó algunas novedades respecto de la programación anunciada originalmente. La más importante es que Argerich ha agregado una presentación más a las dos previstas. El sábado 25 la genial pianista se sumará al segundo concierto de la orquesta en el Colón, para dar un programa a dos pianos con Barenboim: los músicos interpretarán los Seis estudios canónicos de Schumann y la Suite En blanco y negro de Debussy. Este programa en cierta forma anticipa el concierto a dos pianos del domingo a las 17, que además de esas dos obras incluirá la Sonata para dos pianos y percusión de Bela Bartok.
La segunda novedad es que la West-Eastern Divan, con la dirección de Barenboim, dará una función gratuita exclusiva para estudiantes el sábado 8 a las 12, con el Triple concierto para violín, piano y chelo de Beethoven y Pelleas y Melisande de Arnold Schoenberg.
Al comenzar la conferencia, el director del Colón, Darío Lopérfido, presentó a Barenboim y Argerich “como los dos argentinos vivos a mi juicio más importantes”. A su turno, Martha Argerich se declaró “felicísima de participar en este Festival”, pero se permitió corregir la observación de Lopérfido: “Se olvidó del Papa Francisco”. Bueno, admitió Lopérfido, “si tuviera que elegir a los tres más importantes, diría que son ustedes y Francisco”. Y entonces vino la réplica de Barenboim: “Pobre Messi”, exclamó el maestro con una inocultable dosis de realismo. 

lunes, 20 de julio de 2015

Martha Argerich en La Ballena Azul: allegro ma molto poco


"Martha Argerich junto a la Orq. Sinfónica Nacional". Martha Argerich y Eduardo Hubert (piano). L. Roggero y R. Calomarde (violín), G. Massun (viola), J. Pérez Tedesco (cello), O. Carnero (contrabajo). Orq. Sinfónica Nacional. Luis B. (piano y dir.). Obras de Schumann, Villoldo, Piazzolla, Gardel, Hubert y Bacalov. (La Ballena Azul, C. C. Kirchner, 17 de julio)

En un sketch del programa "Peter Capusotto y sus videos" se muestran escenas de fervor y locura de los fans ante una supuesta presentación al aire libre de Martha Argerich en la localidad de Perro Enfermo, Córdoba. A juzgar por la expectativa, el clima previo, la odisea por conseguir entradas y la afluencia de público vividos en torno a su primer concierto en La Ballena Azul, de entrada gratuita, la realidad está bastante más cerca de la fantasía de lo que se piensa.

Una semana antes de su regreso al Colón para el ciclo de presentaciones junto a Daniel Barenboim, Argerichtuvo su pospuesta actuación junto a la Sinfónica (cabe recordar que estaba previsto que fuera ella quien participara de la inauguración de la sala, en mayo pasado). Pese a que el programa anunciado desde el inicio distaba de ser atractivo, la página del Centro Cultural Kirchner, una de las anunciadas vías de acceso a las localidades, registró más de un millón doscientos mil ingresos, sin contar los discados al número de teléfono habilitado a tal fin. Finalmente, aquellos que no fueron privilegiados con una de las 1.750 localidades de La Ballena Azul debieron contentarse con una entrada para las otras salas del Centro en las que se proyectaba en simultáneo el concierto, o, en el peor de los casos, verlo por TV o escucharlo por radio.

He ahí una prueba de que el poder de convocatoria de Argerich supera el de la música que haga, ya que cuesta mucho imaginar un furor semejante por un programa como el escuchado el viernes en manos de cualquier otro pianista argentino. Desde el comienzo el saldo fue dispar: Argerich interpretó junto a los solistas de cuerdas de la Sinfónica el "Allegro brillante" del Quinteto para piano y cuerdas de Schumann, y -más allá de la imaginable falta de ensayo suficiente- los arcos, de afinación errática y rígido fraseo, estuvieron lejos de su partenaire. El fragmento ofició, en cierto punto, de premio consuelo para aquellos que habrían querido escuchar a Argerich en un repertorio más propio.

La primera parte se completó con un "surtido" tanguero de cámara en diversas formaciones, con músicas deGardel, Villoldo, Piazzolla, Luis Bacalov y Eduardo Hubert, por éstos dos últimos y Argerich en piano másRoggero, Massun y Pérez Tedesco, en tanto que la segunda mitad; ya con el concurso de la Sinfónica, estuvo íntegramente dedicada a obras de Bacalov (quien ocupó también el podio), comenzando con el tema principal de la banda sonora de "Il postino" y cerrando con "Porteña", que el compositor dedicara a Argerich. Se trata de una obra orquestada con oficio y construida con más efectismo que sustancia, una colección de clichés del tango sinfónico sin mucho más interés. Argerich y Hubert imprimieron excelencia a las partes de piano y la Sinfónicallevó adelante su tarea con gran eficiencia.

Pese a que, como era de esperar, las ovaciones llovieron sobre Argerich desde su primera aparición y cálidos aplausos saludaron la actuación de todos los participantes, hubo en el fondo un insalvable gusto a poco y la sensación de que la necesidad ajena de protagonismo empañó el encuentro de esta artista inmensa y generosa con su público.


Diario Ambito Financiero
Margarita Pollini

Barenboim, Argerich y la Orquesta West-Eastern Divan en el Teatro Colón


Argerich, Barenboim y la Orquesta West-Eastern Divan ya están en Argentina
Fotografía de Arnaldo Colombaroli

Martha y Daniel ya están en el Colón


Martha Argerich y Daniel Barenboim ya están ensayando en el Colón
Festival de Música y Reflexión - Teatro Colón

domingo, 19 de julio de 2015

La dama del piano como único atractivo


La histórica presentación de Martha Argerich en el Centro Cultural Kirchner

La presencia y la performance de la enorme intérprete en un concierto popular y gratuito fueron suficientes para darle a la noche un carácter inolvidable. Pese a ello, algunas elecciones artísticas no estuvieron a la altura de lo esperado.

Fue una fiesta. Y lo hubiera sido aun si Martha Argerich sólo se hubiera acercado a saludar. Su presencia de por sí concita una vibración particular. Y más cuando, como en el concierto gratuito que dio en La Ballena Azul del C. C. Kirchner, una multitud acudió para tenerla cerca por primera vez. Los límites de la sala resultaron estrechos y el centro dispuso pantallas donde otra muchedumbre pudo seguir el concierto, que a su vez fue transmitido por la Televisión Pública y Radio Nacional Clásica. Que la convocatoria tuviera que ver con una figura de los méritos de Argerich bastaba para que cada uno de los asistentes sintiera que estaba participando de un hecho histórico.
La Ballena Azul es una sala extraordinaria. Su acústica es notable; su diseño, de una belleza austera, está entre los más destacados del mundo. Allí se habían dispuesto los dos pianos que se usarían a lo largo de la presentación y las sillas para la Orquesta Sinfónica Nacional –que tiene allí su sede–, que participaría en la segunda parte, después de un intervalo. Argerich fue quien abrió el paso, caminando a lo ancho del escenario mientras hacía pequeñas inclinaciones agradeciendo la estruendosa ovación. Junto a ella, un cuarteto de cuerdas conformado por integrantes de la Sinfónica (Luis Roggero y Roberto Calomarde en violines, Gustavo Massun en viola y Jorge Pérez Tedesco en cello) interpretaron con intensidad el primer movimiento del Quinteto Op. 44 de Robert Schumann. Tal vez fue por subestimación del público, o del contexto de un concierto popular y gratuito, pero ése fue el único momento en que el repertorio estuvo a la altura real de la intérprete. Lo que vino a continuación fue una especie de autohomenaje pergeñado por Eduardo Hubert y Luis Bacalov, otorgándose a sí mismos, con el salvoconducto de una las intérpretes más grandes de la historia, un lugar que sus carreras han estado lejos de brindarles.
Casi como si se tratara de un concierto de Bacalov y su amigo Hubert con Argerich como invitada sorpresa, el compositor de la música de Il Postino tocó un arreglo de confitería de “El día que me quieras” y “El choclo”, y junto a Hubert interpretó su “Astoreando”, un refrito de los elementos más obvios de la música de Piazolla. Resulta curiosa la presencia repetida de Bacalov en las programaciones de la Sinfónica. El año anterior la orquesta dedicó un concierto a músicas de sus películas y al estreno de un Concerto Grosso de su autoría, y en 2015 hará su oratorio “Estaba la madre”. Acusado de plagio por la música de Il postino, de 1994, compuesta 20 años antes por Sergio Endrigo –tal como reconoció pagándole a su hija la mitad de los derechos–, su trayectoria no registra antecedentes mayores y mucho menos como compositor dentro de la tradición académica, un campo en el que, como demostró su obra “Porteña”, que ofició de cierre, dista mucho de un nivel profesional.
La primera parte continuó con una obra de Hubert, cuyos méritos como compositor son también desconocidos, llamada “Fauretango” y tocada por Hubert junto a un trío integrado por Roggero, Massun y Pérez Tedesco. Poco de Fauré, en realidad, y bastante de la famosa secuencia descendente sobre la que Piazzolla compuso piezas geniales como “Adiós, Nonino” o “Balada para un loco”. Argerich: bien, gracias. La pianista retornaría al escenario para tocar dos temas de Piazzolla: a dúo con Hubert un arreglo sumamente pobre de “Oblivion” y, con Hubert, Roggero, Calomarde, Massun, Pérez Tedesco y, en contrabajo, Oscar Carnero, una versión de “Tres minutos de la realidad”. Este tema, grabado por primera vez en 1957 –tal vez el momento en que Piazzolla más se acercó a Béla Bartók–, incluía dos maravillosas variaciones para piano, tocadas por un Jaime Gosis en estado de gracia. En el arreglo presentado por Hubert y compañía la sobreescritura y la cacofonía de las ornamentaciones sobre ornamentaciones destruyó aquella rítmica punzante y categórica.
Hasta allí una primera parte en que la situación se pareció demasiado a una invitación a Messi para que jugara al balero. La segunda, no obstante, no fue mejor. La orquesta tocó la música de Endrigo firmada por Bacalov, con la solvente participación de Ramiro Boero en bandoneón y un bello sonido grupal. Y luego, una especie de concierto fragmentado, hecho de pequeños temas sin desarrollo, incoherente en lo formal y estructurado siempre sobre un único plano –a lo sumo con un contracanto–, bautizado “Porteña” y dedicado a Argerich. Algunos pocos momentos alcanzaron a evocar trazas de Gershwin, Ravel o Pia- zzolla, y tuvieron la virtud de traer aquellas fuentes a la agradecida memoria. También aquí la pianista tocó a dos pianos, con el inefable Hubert –programador del concierto–, y lució su increíble sonido y la perfecta nitidez de sus articulaciones, que, en los pasajes imitativos, destacaba aún más en el contraste con lo que sonaba desde el otro piano. El aplauso cerrado premió lo que había sucedido esa noche, en todos los sentidos posibles. La música pero, sobre todo, su posibilidad. El hecho de que este concierto hubiera sucedido, aun con los dobleces en los que Argerich incurre cuando otorga a la amistad más valor que al mérito artístico, era algo festejable en sí mismo. Y así fue reconocido.

Martha, la maravillosa


Orquesta sinfónica nacional / Director:Luis Bacalov / Solistas: Martha Argerich y Eduardo Hubert, piano / Programa: obras de Schumann, Gardel, Villoldo, Hubert, Piazzolla y Bacalov / Auditorio la ballena azul,Centro Cultural Kirchner.
Nuestra opinión: muy bueno

Son muchas, infinitas, las maneras posibles de observar un concierto y comentarlo críticamente. Frente a este que tuvo lugar anteayer, en La Ballena Azul, con Martha Argerich como protagonista indiscutida, sería un error atenerse exclusivamente a las cuestiones musicales, a enfoques interpretativos o a temas estrictamente sonoros. Porque esa noche, en La Ballena, esencialmente, primaron las emociones, más allá de cualquier especulación. Desde antes que la gran pianista ingresara al escenario, ya se palpaba una intensa agitación colectiva. Es real que a lo largo del recital, que se extendió por casi dos horas, no todo alcanzó la excelencia. Pero en el final, primaron las buenas vivencias, esas que se habían ido acumulando lenta y pacientemente. Y en ese momento postrero, la multitud liberó todas sus felicidades en una explosión poderosa e interminable. La noche había sido inolvidable, tal vez para la misma Argerich también, ya que su semblante traslucía una alegría inocultable.
La primera parte comenzó con el primer movimiento del Quinteto con piano, op.44 de Schumann, con Argerich en el centro de la escena. A su lado, y sin desentonar, tocaron Luis Roggero, Roberto Calomarde, Gustavo Massun y Jorge Pérez Tedesco, los solistas de cuerda de la Sinfónica. Y ya en ese Schumann abreviado, Martha logró concitar todas las atenciones. Desde el piano, con esa seguridad y todas sus certezas, ella determinaba las respiraciones, las intensidades, las densidades y las intenciones. Después de Schumann, en esa primera parte, tuvo lugar un recital de tangos. Los tangos de cámara, con la participación de los músicos mencionados, fueronAstoreando, de Bacalov; Fauretango, de Hubert, y Tres minutos con la realidad, de Piazzolla. En algunos el pianista fue Hubert, en otros Argerich. Con algunos empastamientos sonoros, en ellos primó la corrección. Pero lo mejor de ese primer segmento fueron El día que me quieras El choclo, tocados de maravillas por Luis Bacalov en piano solo, con una sensibilidad exquisita y un dominio pleno tanto del teclado como de los misterios del mundo del tango. Y Oblivion, esa lenta, poética y lírica meditación de Piazzolla que, en el dúo de pianos de Argerich y Hubert, alcanzó una bellísima intimidad.
Después del intervalo, con la Sinfónica en pleno, Bacalov se instaló en el podio del director. Pasó casi como una exhalación mínima el tema de la película Il postino y luego vino el plato fuerte,Porteña, el concierto para dos pianos y orquesta que Bacalov escribió por encargo de la Sinfónica Nacional y que él especialmente compuso pensando en Argerich y Hubert. Porteña es una amplia sucesión de pequeños cuadros atravesados por aires de tango. Como escenas cerradas e independientes, aparecen secciones contrastantes o continuadas en las que laten imágenes, sensaciones y aromas de Buenos Aires. Desde el interior de ese entramado profundamente porteño, emergen breves citas o referencias fugaces de tangos y paisajes sonoros conocidos. Con armonías atrayentes y complejas a la vez y algunos perfiles propios de la música pensada para el cine, la orquesta, sumamente atinada, se remite, mayormente, a crear una base sobre la cual los dos pianos ponen todos los condimentos. Y obviamente es Argerich la que se destaca. Aún en territorios poco o nada frecuentados, Martha, una artista superior, luce mágica, intensa, múltiple, expresiva, siempre acertada y, a su manera, indestructible.
Con el último acorde, la multitud que ocupó hasta el último lugar de La Ballena, estalló en una ovación atronadora. Como devolución ante tanto entusiasmo, Bacalov, Argerich, Hubert y la orquesta volvieron a interpretar los últimos cuadros de Porteña. Y después sí, la gran noche, ésa que había concitado tantas expectativas, llegó a su fin. No es de imaginar que alguno de los presentes haya quedado insatisfecho. Ni tampoco es errado suponer que esta aventura "marthística" tan exitosa, con entrada gratuita, no vaya a gozar de alguna continuidad. Queda claro que, fundamentalmente, de ella dependerá que esto pueda llegar a ocurrir. Quizás, esa sonrisa que le iluminaba el rostro en el final sea el mejor indicio de que hay posibilidades de que, en el futuro, en efecto, algo similar vuelva a suceder.

Experiencia Argerich - Centro Cultural Kirchner

La pianista Martha Argerich causa furor en su visita a Buenos Aires

Más de un millón de personas buscaron localidades para escucharla

Periódico La Jornada
Domingo 19 de Julio de 2015

Buenos Aires



Era una visita muy esperada en Buenos Aires, pero nadie hubiese imaginado que generaría semejante furor. 

Más de un millón de personas intentaron esta semana obtener entradas para escuchar a Martha Argerich.
La página de reservaciones para lo que sería su primer concierto en el Centro Cultural Néstor Kirchner colapsó ni bien fue activada. La frustración brotó entre quienes intentaron lanzarse a la carrera desde sus teléfonos celulares y computadoras y, finalmente, este viernes, la pianista argentina se presentó ante los mil 700 afortunados que lograron hacerse de las codiciadas butacas en la salaBallena Azul.
“Estuvimos dos horas y mediaclickeando hasta que logramos conseguir entradas”, cuentan dos adolescentes que fueron alentadas por su abuelo a ir a escuchar a la célebre pianista.
Argerich fue sin dudas el broche que atrajo a un público muy variado que, desconociendo en gran parte el repertorio que se ofrecería, estaba dispuesto a que la noche lo sorprendiera.
Ante la enorme demanda, el centro cultural decidió instalar grandes pantallas fuera y dentro de sus instalaciones.
Martha Argerich compartió escenario con el pianista y director Eduardo Hubert y con el laureado Luis Bacalov, compositor, entre incontables producciones, de la banda sonora deDjango Unchained, de Quentin Tarantino, y de Il Postino, de Michael Radford.
La noche prometía ser un gran encuentro. Uniría, en una sala argentina, a tres grandes músicos que partieron ya hace décadas del país.
Además, el concierto tenía otras dos particularidades.
No sólo había generado gran expectativa porque Argerich en los últimos años no ha ofrecido conciertos con regularidad en su Argentina natal y en mayo suspendió una presentación en Buenos Aires, sino que la convocatoria era, además, gratuita, como todos los actos ofrecidos en el Centro Cultural Néstor Kirchner (CCKN).
Esta política de apertura y difusión cultural es compartida en parte por otra de las grandes salas de la ciudad, el Teatro Colón, cuya actual gestión ha decidido abrir las puertas de los ensayos generales a toda la ciudadanía. Son ofertas que tienen gran repercusión en un público ávido por acceder a actos de alto nivel en las mejores salas.
Repertorio Argentino
Pero el concierto de este viernes tenía una segunda particularidad: Argerich se dedicaría casi por completo a un repertorio netamente argentino. Fuera de la única excepción de la noche, donde el piano destacó sobre las cuerdas en el quinteto Op. 44 de Robert Schumann, la noche fue un tributo a composiciones argentinas, precisamente, al tango.
En la primera parte se escuchó la obra de cámara Fauretango, de Eduardo Hubert, Astoreando, obra para dos pianos de Bacalov, y ya clásicos del tango como Tres minutos con la realidad y Oblivion, de Astor Piazzolla.
Pero la verdadera fusión pareció producirse en la segunda parte del programa, que además permitió que la sala se luciera en toda su acústica.
Con la cuidada y expresiva conducción de Bacalov, la Orquesta Sinfónica Nacional ofreció Il Postino, con Ramiro Boero como solista en bandoneón, y luego la joya de la noche porteña: Porteña, obra de Bacalov para orquesta y dos pianos (Argerich-Hubert) estrenada en junio, en el Festival de Lugano.
Con el correr de la noche quedó claro que, si bien Argerich habia sido el imágn para el gran público, las grandes figuras fueron tres: Bacalov, cuya agilidad musical, a sus 82 años, hizo envidiar a más de un joven, Hubert y la propia Argerich, quienes lograron una magnífica amalgama en la obra final de la noche.
"Hace ya mucho tomé la decisión de no tocar sola", comentó recientemente la pianista, en entrevista con Diego Fischerman. "Es un poco misterioso. No sé bien por qué. Resulta que no me gusta mucho estar sola. Y no me gusta la soledad en el escenario", dijo quien ha recorrido ya tanto camino a escala mundial.
Será por eso que este viernes se lució de la mano de otros. Y será por eso que su próximo proyecto tampoco será en soledad: en una semana se presentará en el Teatro Colón junto a Daniel Barenboim, pareja que seguro no arrancará menos aplausos a su fiel auditorio.

sábado, 18 de julio de 2015

Martha Argerich en el Festival de Piano del Centro Cultural Kirchner - Ministerio de Cultura de la Nación

La pianista Martha Argerich ofreció el viernes 17 de julio de 2015 un histórico concierto en la sala La Ballena Azul del Centro Cultural Kirchner, junto con los maestros Eduardo Hubert, Luis Bacalov y la Orquesta Sinfónica Nacional.

Martha Argerich y Eduardo Hubert - Oblivion

Martha Argerich y Eduardo Hubert - Oblivion 
Agradecimientos a Guillermo Garzón

Martha Argerich: Destellos de genialidad

La pianista se presentó el viernes con un repertorio tanguero en el CCK. Dio muestras de su enorme talento.
Después de tantos dimes y diretes, Martha Argerich se presentó en la Ballena Azul. Visiblemente de buen humor, y con una sonrisa amable se dirigió hacia el piano con sus característicos pasitos cortos y sigilosos de geisha.
El nivel de expectativa descomunal que despierta su presencia es completamente justificado. Argerich es una leyenda viva del piano y una de las figuras más brillantes de la escena musical actual. Sin embargo, el repertorio programado estuvo muy por debajo de su cualidades interpretativas descomunales.
Vestida con un sugerente enterito blanco y negro fue recibida con una gran ovación que se acalló apenas se oyeron los primeros acordes del Quinteto de Schuman op. 44, que en manos de Argerich, resultan con un magnetismo irresistible. Completaron el quinteto Luis Roggero (violín), Roberto Calomarde (violín), Gustavo Massun (viola) y Jorge Pérez Tudesco (cello).
Esta apertura mejoró notablemente la oferta programada originalmente: la apertura a cargo de Eduardo Hubert y Luis Bacalov, interpretando sus respectivas obras Fauretango y Astoreando, y luego Tres minutos con la realidad, de Piazzolla, con Argerich.
Como sea, la atmósfera creada con el Quinteto de Schumann fue apenas una promesa que se desvaneció rápidamente. Después del primer movimiento, Argerich cedió su lugar a Luis Bacalov para que interpretara sus propias versiones de El día que me quieras y El Choclo. A sus 82 años, Bacalov es un pianista con una técnica formidable, que enfrenta sus propios arreglos virtuosos con elegancia. Lo mismo puede decirse del pianista y compositor argentino Eduardo Hubert, técnicamente irreprochable. Ambos se complementaron bien en Astoreando, aunque la composición es un catálogo de clisés piazzolleanos.
El catálogo siguió con nueva formación en Fauretango para piano y trío de cuerdas, obra del mismo Hubert que sonó como un epígono desvitalizado de Piazzolla. Hay que decir que los intérpretes no colaboraron demasiado, especialmente por los problemas de afinación del violista Gustavo Massun y el escaso sonido del violonchelista Jorge Pérez Tedesco.
Los arreglos de Hubert tampoco convencen del todo. Argerich hechizó con su sonido exquisito en las primeras notas de Oblivion, pero el intrascendente clima posterior esfumó la magia.
Finalmente, la fuerza de Tres minutos con la realidad logró imponerse, a pesar de la ineficiencia de los arreglos, y funcionó como un buen contraste y cierre de la primera parte del concierto. El contrabajista Oscar Carnero aportó consistencia a las cuerdas que sonaron más convincentes junto con la chispeante Argerich.
El estreno americano de Porteña, para dos pianos y orquesta, de Bacalov, se reservó como el plato fuerte para la segunda parte del concierto. Precedida por Il Postino -éxito cinematográfico que catapultó a Bacalov hacia el reconocimiento internacional- contó con la esmerada ejecución del bandoneonista Ramiro Boero.
Compuesto para Argerich por encargo de la Orquesta Sinfónica Nacional, Porteña es un conjunto de piezas contrastantes -entre una corriente rítmica piazzolleana y otra más lírico melancólica-, cuya oportuna orquestación permitió el lucimiento de la orquesta en todas sus filas.
Porteña es condescendiente, agrada pero no entusiasma, ni siquiera con la formidable actuación de la Orquesta Sinfónica bajo la dirección del mismo Bacalov y con el impulso rítmico irresistible de Argerich, flanqueada por Hubert en el otro piano.
El concierto se desarrolló bajo un clima distendido e informal, y el buen humor de Argerich no se disipó ni aun frente al distraído page turner que obligó a la pianista a apoyar la cabeza sobre la partitura para que no diera vuelta las páginas a destiempo.
Quienes tuvieron la suerte de escuchar a Argerich en vivo por primera vez, sentirán que la experiencia fue inolvidable, aunque la leyenda del piano apenas haya exhibido un débil destello.
Una larga ovación la despidió, luego de tocar como bis uno de los números de Porteña.

Emotivo concierto de Martha Argerich en el Centro Cultural Kirchner

Viernes 17 de Julio de 2015 en el Centro Cultural Kirchner Concierto histórico

viernes, 17 de julio de 2015

Deslumbrante concierto de Martha Argerich


La artista brindó un show gratuito en el Centro Cultural Néstor Kirchner ante miles de personas

Martha Argerich brindó un concierto gratuito ante miles de personas en la sala La Ballena Azul, en el Centro Cultural Néstor Kirchner.
El show contó con la televisación de la Tv Pública y fue proyectado en las pantallas de los Espacios Incaa y las Estaciones de Igualdad Cultural de todo el país.

La artista brindó un show gratuito en el Centro Cultural Néstor Kirchner ante miles de personas


Esta es una de las dos veces que la pianista se presenta en Argentina en el 2015: además de hoy,estará junto con el director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboim el domingo 26 en el teatro Colón.

El repertorio de la noche incluyo temas de Luis Bacalov, Astor Piazzolla y el propio Hubertinterpretados por la pianista de 74 años de edad.

Inolvidable...

Noche inolvidable para todos los argentinos
Viernes 17 de Julio de 2015